miércoles, 3 de febrero de 2016

Habitantes del barrio Mirador II, víctimas del desarrollo económico

  
Este es el panorama del barrio Mirador II afectado por la desorganización institucional en torno al tema de la ampliación de la avenida Mutis y por la desidia del aeropuerto El Dorado.

Centenares de familias conviven con el abandono entre botaderos de basura, roedores, habitantes de calle y delincuencia, gracias a la desorganización institucional en el proceso de ampliación de la avenida José Celestino Mutis.
Como si fuera poco, la constante nube de polvo emanada por obras del aeropuerto les obliga a permanecer con telas húmedas debajo de sus puertas para proteger a sus niños y personas mayores de la contaminación.
Como si hubiera habido una cruenta guerra o un atroz terremoto, se encuentran las casas del barrio Mirador en el occidente de Engativá. Aquel barrio que vio crecer por más de 30 años varias generaciones y que en otrora fue punto turístico por permitir el avistamiento de decolajes y aterrizajes de las más sofisticadas aeronaves de la época, hoy es un campo desolado, arruinado, de temerosos escombros y continuas visitas de inescrupulosos que convirtieron sus calles en botadero de desechos orgánicos.
Lo anterior, gracias a la construcción de la continuación de la avenida José Celestino Mutis, que destaponará un importante sector de la ciudad y beneficiará la movilización del libre comercio gestado en los alrededores del aeropuerto. Este barrio debe desaparecer para dar paso a la gran vía.
El desarrollo es inevitable y bienvenido, pero lo inadmisible es que se haga a costa del sufrimiento y el abandono de la gente, que para colmo resultan ser siempre los más humildes y vulnerables.
Leyla Aldana Pedraza, habitante de barrio Mirador II, lo evidencia al afirmar que “el barrio está lleno de ladrones e indigencia, hay basuras, la gente se ha ido y ha dejado las mascotas solas, que terminan muriéndose de hambre. Han venido camionetas a botar pescado en descomposición, los animales se lo comen y se mueren, tenemos una problemática ambiental y sanitaria terrible y pedimos ayuda urgente de las entidades, las organizaciones ambientales y la policía”.
Pero al parecer, nadie los escucha. Sabemos que el interés general prima sobre el particular, pero también sabemos que las entidades involucradas –IDU, Secretaría de Ambiente, Personería, empresas de servicios públicos, Iglesia, Policía, Alcaldía Local, etc- deben trabajar articuladamente para ocasionar el menor daño posible a las familias que no escogieron esta situación y hoy pagan un alto costo económico, moral, psicológico, físico y mental.
Desde que llegó la notificación del IDU, la negociación se demoró cerca de un año pues inicialmente no queríamos negociar porque nos pagaron muy mal. Con la plata que nos dan no nos alcanza para una casa de las mismas condiciones y nos ha tocado endeudarnos en los bancos para poder comprar una casita más pequeña y sin acabados como la que tenemos. Nos pagaron sólo el terreno, sin tener en cuenta las construcciones, ni los acabados, ni las afectaciones psicológicas por dejar tirados todos los esfuerzos de vida”, advierten otros vecinos del sector.
El proceso ha sido muy lento y deshumanizado. La mayoría de los predios ya están desocupados, los vecinos se han ido pero han pasado cuatro meses y las casas siguen abandonadas. Tan pronto las desocupan, llegan habitantes de la calle a desvalijarlas, a convertirlas en baños públicos y hasta en dormideros. Se agreden por lo que hay. Ya hubo dos muertos, el último puñaleado sin piedad.
El IDU aún no recibe las casas porque faltan los paz y salvos de las empresas de servicios públicos: acueducto, gas y codensa. Quienes a su vez, manifiestan que el proceso se demora porque hay un listado de más de 200 personas por delante. Y así pasan largos días y muchos meses, para los que aún no han logrado la negociación o no han conseguido para dónde irse y deben permanecer allí, viviendo entre la basura, los ladrones, las plagas y la desolación. “Nos conmueve saber que tan pronto nos vayamos, van a llegar los indigentes a apoderarse de nuestra casa, que ha sido cuidada por tantos años. Todo por la negligencia y la ausencia de planeación de las entidades involucradas” afirman los afectados.

El aeropuerto construye sin ninguna mitigación

Como si lo anterior fuera poco, desde hace más de seis meses el aeropuerto El Dorado, realiza una obra a pocos metros de la misma comunidad afectada por la ampliación de la avenida José Celestino Mutis. Dicha obra no cuenta con ningún procedimiento de mitigación a la contaminación, como si no existieran familias a su alrededor.
De tal suerte, que cada vez que sale o llega una aeronave, lo que sucede varias veces por minuto, una espesa nube de polvo cubre sin consideración a centenares de personas incluyendo sus autos, enseres, electrodomésticos y demás.
Los habitantes ya no saben qué hacer ni a quién acudir. Nadie los ayuda, nadie los visita, nadie los escucha. “Todo está vuelto nada, estamos aburridos por la neblina de polvo de la obra del aeropuerto, nos sentimos ahogados, lavamos y al momento toca poner trapos mojados debajo de la puerta para mitigar el polvo”.  “¡De por Dios! que rieguen agua, que mitiguen el polvo, que visiten la  comunidad y se den cuenta de todo el perjuicio que estamos viviendo por su causa”, son los clamores desesperados de los barrios Mirador I y II.

Dentro de algunos años, los dirigentes de turno saldrán en los medios masivos inaugurando las monumentales obras cuyos motivos son el desarrollo económico del país, para las que se invirtieron importantes sumas de dinero. Pero nadie sabrá el costo en lágrimas, angustias, sufrimientos, resentimientos y hasta vidas de humildes ciudadanos, de esta magna construcción.